
Como alguna que otra vez os he contado, ir al mercado me gusta. Aunque suele suponer un mayor gasto de tiempo -que el comprar en un supermercado- realmente te aporta un gran plus. Ese plus es la cercanía con las y los tenderos; una vez has ubicado cuáles son tus paradas predilectas, se empieza a crear un vínculo especial en el que la persona que te atiende te aconsejara o rebusca entre las diversas piezas para encontrar la de mejor calidad y que se adapte mejor a la receta que harás. El siguiente paso en ese vínculo es en el que al comprar te llevas algo especial o bien muy barato o bien sin coste. En mis dos últimas visitas me he llevado premio, primero Miquel, el chico que me suministra la carne, me regaló un “pedacet”, un trozo de carne muy especial del que os hablaré en breve. La semana siguiente David, que me facilita el pescado, me regaló un trozo de ventresca de atún que como mínimo era espectacular. De la ventresca o toro de atún es de lo que hoy os quiero hablar con esta receta.


